La estructura ósea de la boca de perros y gatos se compone de dos huesos, el superior o ‘maxilar’ y el inferior o ‘mandíbula’. En pequeños animales sanos se requiere de una gran fuerza, un traumatismo para que se produzca una fractura del hueso mandibular o maxilar. Las fracturas pueden variar en severidad desde incompletas (fisuras) hasta fracturas graves con múltiples fragmentos óseos.
Habitualmente estos traumatismos tienen su origen en peleas con otros animales, caídas o traumatismos vehiculares (atropellos). Entre los síntomas que alertan de una fractura encontramos dificultad para alimentarse, asimetrías faciales, dificultad o incapacidad para abrir y cerrar la boca, inflamación, dolor, ausencia de dientes o fracturas dentales.