Un injerto corneal es la sustitución de una parte enferma de la córnea por otros tejidos. Estos pueden ser porciones de córnea sana (fresca o congelada) o sustratos biológicos (membrana amniótica, discos de matriz de colágeno, ..) entre otros. El injerto se realiza cuando se produce una perforación del globo ocular, un daño en el tejido corneal con riesgo de perforación o en determinadas enfermedades dolorosas de la córnea.
En estas situaciones, el objetivo del injerto es conservar el globo ocular y preservar una visión de la mayor calidad posible.
La perforación de la córnea es una urgencia oftalmológica absoluta ya que pone en grave peligro la visión e, incluso, la conservación del globo ocular. Cuando se produce debe instaurarse de forma urgente una terapia médica adecuada y, en la mayoría de los casos, realizar una cirugía de urgencia.

En IVeM atendemos con frecuencia animales con perforaciones cornéales y las causas más frecuentes son:
La correcta evaluación de una herida en el ojo es fundamental para determinar el estado de la córnea y del resto de las estructuras oculares. Solo tras establecer un diagnóstico preciso del estado ocular puede plantearse el tratamiento más adecuado al caso. Algunas de las pruebas que utilizamos en estos casos son: examen con lámpara de hendidura, ecografía ocular, UBM o tomografía de coherencia óptica.

Pese a la gravedad de una perforación ocular, en muchos casos el pronóstico de recuperación visual es bueno cuando se actúa de forma rápida.
La intervención consiste en la extracción de la parte de la córnea dañada y su sustitución por otro tejido que es fijado al resto de la córnea mediante una sutura muy fina. La cirugía se realiza bajo anestesia general y con la ayuda de un microscopio operatorio para la correcta observación de las estructuras oculares.
Antes de realizar la cirugía el ojo debe ser preparado con el uso de diferentes colirios y medicaciones sistémicas para controlar la inflamación y la posible infección bacteriana. La pauta exacta de tratamiento depende de cada caso particular y debe marcarla el especialista oftalmólogo.
Es, asimismo, importante realizar pruebas preanestésicas (generalmente analítica sanguínea y radiografías torácicas) para establecer el tipo de anestesia adecuado a cada paciente.
Durante las semanas posteriores a la operación, tu compañero llevará un collar isabelino para evitar que se rasque o toque la zona sensible, minimizando así el trauma sobre la zona operada y su exposición a patógenos que favorezcan una infección. Además, durante unas semanas deberían aplicarse diferentes colirios para asegurar la correcta evolución del ojo.
Otra recomendación común, será la de evitar juegos con otros animales y ejercicios físicos intensos hasta que el proceso de cicatrización esté avanzado.
Finalmente, el veterinario hará un seguimiento de la evolución del ojo para realizar ajustes en la medicación y establecer pautas para que tu compañero no tenga dolor y para minimizar sus molestias.
En IVeM somos especialistas en oftalmología veterinaria. Si tienes cualquier duda, ponte en contacto con nosotros y te atenderemos encantados.